El reloj le definía. Nunca le había visto mirarlo (era de esos tipos algo depreocupados), pero la esfera roja y las agujas de estilo deportivo decían mucho de él. Luego quiso enterarse de qué color era su coche, y cuando conoció que era negro quiso saber sus gustos en féminas. Cuando supo que Angelina Jolie era su prototipo (no podía ser de otra forma), le suscitó curiosidad la marca de tabaco que fumaba, y así sucesivamente. Paralelamente, un tipo con pelo castaño, gafaspasta y alianza, se giraba para quedársela mirando cada vez que se cruzaban en el metro, mañana tras mañana. Un chicuelo de barrio con ganas de comerse el mundo le espiaba pasear de la mano de su mujer, estudiando la mejor estrategia para acercarse a él.
En la otra punta de la ciudad, disfrazado bajo el nick de Capirote, intentaba captar su interés para arrastrarlo a alguno de los bares de ambiente de la ciudad, pero él le daba largas: prefería pasarse las horas muertas espiando que salir a petardear entre pseudogeniecillos del diseño y lameculos que van de modernos mientras camarutas en semipelotas ofrecían cócteles de nueva generación. Aquella noche un tipo con pinta de alfa cogía la última copa de la barra principal para abrazar después su reloj deportivo con la otra mano. Oteaba el mercado desde un ángulo estratégico mientras saboreaba el penúltimo Manhattan de la velada.
lunes 20 de abril de 2009
Enlaces
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
3 comentarios:
buen comienzo de una novela! ¿no te animas?
Yo la compraria! ;)
¡Yo también la compraria!.Impresionante,como siempre.
Publicar un comentario en la entrada